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domingo, 14 de abril de 2013

Agujeros negros y expericiencias cercanas a la muerte


La semana pasada analizaba los agujeros de gusano.

No menos interesante sería analizar la naturaleza y composición de otras de las grandes incógnitas del universo. Se trata de los objetos más misteriosos del cosmos ya que no pueden verse, todo lo que se conoce de ellos se ha descubierto a raíz de la influencia que ejercen sobre otros objetos.

Se trata de los agujeros negros, y es curioso, porque por lo que se sabe su nombre no describe para nada su auténtica naturaleza. Esa característica de falta de luz que los define, en realidad es una característica válida para el observador externo, ya que no permite escapar de su influen­cia ni siquiera a la luz. Es lógico por tanto pensar que esa luz que no deja escapar se acumula en su interior. De hecho existen otros objetos, los llamados agujeros blancos, que en realidad no son otra cosa que el reverso de un agujero negro. Es como si pudiésemos ver un espejo de canto y observásemos la figura real de un lado y el reflejo del otro lado al mismo tiempo.

Luego, por lógica, y con el aval de la comunidad científica, un agujero negro en su interior es cegadoramente luminoso.

¿No os suena a nada?, porque a mí, cuando leí sobre los agujeros negros y sus características, enseguida me vino la mente el túnel de luz que describen las personas que han experimentado una experiencia cercana a la muerte.

Bien, pues parece ser que en el exterior del agujero negro tendríamos un límite u horizonte a partir del cual cual­quier cosa que entre (luz, materia etc.) no puede salir. Es el punto de no retorno y se llama horizonte de sucesos. Segunda coincidencia con las “experiencias cercanas a la muerte”, pues parece que quienes dicen haber vivido esta experiencia, cuentan que les impidieron pasar de determinado punto con la explicación de que no había llegado su momento.

En el horizonte de sucesos ,al parecer, ocurre algo extraño y absurdo, a partir de aquí la teoría de la relatividad deja de funcionar, y es que la velocidad se acelera hasta alcanzar valores cercanos a la velocidad de la luz y el tiempo se ralentiza hasta casi detenerse.

Es curioso que quienes han vivido este tipo de experiencias llamadas ECMs, describan un momento en  el límite, a partir del cual no les dejaron continuar, en el que el tiempo se detiene y ven pasar ante ellos las imágenes de toda su vida.

Por último, y no menos sorprendente, según descripciones científicas, más allá del horizonte de sucesos el agujero negro es un gran embudo terminado en un vértice o anillo llamado "sin­gularidad" y ¿en qué consiste eso que ellos llaman singularidad?, pues parece que allí nos encontraríamos con el futuro de este universo.

Si un agujero de gusano es un túnel de dos direcciones que une dos puntos del espacio-tiempo, el agujero negro sería un roto en el espacio tiempo de una sola dirección.

Es decir, que si entramos en un agujero negro seríamos conducidos a través de un túnel de luz hasta el futuro de nuestro propio espacio.

Después de llegar a estas conclusiones, me preguntaba si el comportamiento de la energía en los agujeros negros estaría describiendo el comportamiento del soporte de nuestra consciencia tras la muerte. Y si realmente fuese así ¿qué consecuencia podríamos extraer de ello?.

Se ocurre que si esto fuese así, para quien muriese aquí no existiría espera alguna, ya que llegaría automáticamente a ese momento del espa­cio-tiempo donde todos habríamos muerto y habríamos llegado a ese mismo punto.

Esto resolvería la aparente contradicción que se produce cuando Jesús habla de un día concreto para la resurrección de todos a la vez y sin embargo luego le dice al ladrón crucificado junto a él: “Hoy, sin duda, estarás conmigo en el reino de mi padre”.

Quizás debería explicar con un ejemplo a que me refiero: Imaginemos que ese día de la resurrección es el trece de enero de tres mil doscientos, imaginemos también que yo muero aquí el veinticuatro de diciembre de dos mil trece y mi conciencia viaja a través de un agujero negro hasta ese trece de enero de tres mil doscientos. Cuando llegue ¿no encontrare allí a todas las personas que he podido conocer?. Es obvio que para esa fecha, toda la gente que conozco ya habrá muerto.

Esto nos llevaría a una obviedad que por serlo no deja de ser sorprendente. En un universo donde espacio y tiempo van unidos, las contradicciones temporales sólo lo son para criaturas atadas a un continuo espacio tiempo como nosotros.

Sin embargo queda otra interrogante que aclarar en este misterio, pues parece que esas experiencias cercanas a la muerte sólo se producen en un veinte por ciento de la gente que ha estado clínicamente muerta. Si lo anteriormente expuesto responde a una realidad, deberíamos preguntarnos si no debería producirse en todos los casos.

Pero si consultamos el libro de los muertos tibetanos, una especie de tratado que describe paso a paso todo el proceso interno y externo de la muerte, podremos comprobar que, según este libro, el alma se libera del cuerpo en un proceso que puede producirse durante los siguientes tres días a la muerte física de la persona. Según esto, hay un porcentaje que experimentaría este proceso nada más morir, el resto lo haría en cualquier momento a lo largo de esos tres días.

Así que imagino que la respuesta a este misterio puede estar en que quienes no experimentan las vivencias del túnel, simplemente han regresado antes de que se hubiese iniciado el proceso.


 

 
 
 

 

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