La
semana pasada analizaba los agujeros de gusano.
No
menos interesante sería analizar la naturaleza y composición de otras de las
grandes incógnitas del universo. Se trata de los objetos más misteriosos del
cosmos ya que no pueden verse, todo lo que se conoce de ellos se ha descubierto
a raíz de la influencia que ejercen sobre otros objetos.
Se trata de los agujeros negros, y es curioso, porque por lo
que se sabe su nombre no describe para nada su auténtica naturaleza. Esa
característica de falta de luz que los define, en realidad es una
característica válida para el observador externo, ya que no permite escapar de
su influencia ni siquiera a la luz. Es lógico por tanto pensar que esa luz que
no deja escapar se acumula en su interior. De hecho existen otros objetos, los llamados
agujeros blancos, que en realidad no son otra cosa que el reverso de un agujero
negro. Es como si pudiésemos ver un espejo de canto y observásemos la figura
real de un lado y el reflejo del otro lado al mismo tiempo.
Luego, por lógica, y con el aval de la comunidad científica,
un agujero negro en su interior es cegadoramente luminoso.
¿No os suena a nada?, porque a mí, cuando leí sobre los
agujeros negros y sus características, enseguida me vino la mente el túnel de
luz que describen las personas que han experimentado una experiencia cercana a
la muerte.
Bien, pues parece ser que en el exterior del agujero negro tendríamos
un límite u horizonte a partir del cual cualquier cosa que entre (luz, materia
etc.) no puede salir. Es el punto de no retorno y se llama horizonte de sucesos.
Segunda coincidencia con las “experiencias cercanas a la muerte”, pues parece
que quienes dicen haber vivido esta experiencia, cuentan que les impidieron
pasar de determinado punto con la explicación de que no había llegado su
momento.
En el horizonte de sucesos ,al parecer, ocurre algo extraño y
absurdo, a partir de aquí la teoría de la relatividad deja de funcionar, y es
que la velocidad se acelera hasta alcanzar valores cercanos a la velocidad de
la luz y el tiempo se ralentiza hasta casi detenerse.
Es curioso que quienes han vivido este tipo de experiencias
llamadas ECMs, describan un momento en
el límite, a partir del cual no les dejaron continuar, en el que el
tiempo se detiene y ven pasar ante ellos las imágenes de toda su vida.
Por último, y no menos sorprendente, según descripciones
científicas, más allá del horizonte de sucesos el agujero negro es un gran
embudo terminado en un vértice o anillo llamado "singularidad" y ¿en
qué consiste eso que ellos llaman singularidad?, pues parece que allí nos encontraríamos
con el futuro de este universo.
Si un agujero de gusano es un túnel de dos direcciones que
une dos puntos del espacio-tiempo, el agujero negro sería un roto en el espacio
tiempo de una sola dirección.
Es decir, que si entramos en un agujero negro seríamos
conducidos a través de un túnel de luz hasta el futuro de nuestro propio
espacio.
Después de llegar a estas conclusiones, me preguntaba si el
comportamiento de la energía en los agujeros negros estaría describiendo el comportamiento
del soporte de nuestra consciencia tras la muerte. Y si realmente fuese así ¿qué
consecuencia podríamos extraer de ello?.
Se ocurre que si esto fuese así, para quien muriese aquí no existiría espera alguna, ya que llegaría automáticamente a ese momento del espacio-tiempo donde todos habríamos muerto y habríamos llegado a ese mismo punto.
Se ocurre que si esto fuese así, para quien muriese aquí no existiría espera alguna, ya que llegaría automáticamente a ese momento del espacio-tiempo donde todos habríamos muerto y habríamos llegado a ese mismo punto.
Esto resolvería la aparente contradicción que se produce
cuando Jesús habla de un día concreto para la resurrección de todos a la vez y sin
embargo luego le dice al ladrón crucificado junto a él: “Hoy, sin duda, estarás
conmigo en el reino de mi padre”.
Quizás debería explicar con un ejemplo a que me refiero: Imaginemos
que ese día de la resurrección es el trece de enero de tres mil doscientos, imaginemos
también que yo muero aquí el veinticuatro de diciembre de dos mil trece y mi
conciencia viaja a través de un agujero negro hasta ese trece de enero de tres
mil doscientos. Cuando llegue ¿no encontrare allí a todas las personas que
he podido conocer?. Es obvio que para esa fecha, toda la gente que conozco ya
habrá muerto.
Esto nos llevaría a una obviedad que por serlo no deja de
ser sorprendente. En un universo donde espacio y tiempo van unidos, las
contradicciones temporales sólo lo son para criaturas atadas a un continuo
espacio tiempo como nosotros.
Sin embargo queda otra interrogante que aclarar en este
misterio, pues parece que esas experiencias cercanas a la muerte sólo se
producen en un veinte por ciento de la gente que ha estado clínicamente muerta.
Si lo anteriormente expuesto responde a una realidad, deberíamos preguntarnos
si no debería producirse en todos los casos.
Pero si consultamos el libro de los muertos tibetanos, una
especie de tratado que describe paso a paso todo el proceso interno y externo de
la muerte, podremos comprobar que, según este libro, el alma se libera del
cuerpo en un proceso que puede producirse durante los siguientes tres días a la
muerte física de la persona. Según esto, hay un porcentaje que experimentaría este
proceso nada más morir, el resto lo haría en cualquier momento a lo largo de
esos tres días.
Así que imagino que la respuesta a este misterio puede estar en que
quienes no experimentan las vivencias del túnel, simplemente han regresado
antes de que se hubiese iniciado el proceso.
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