Las tendencias
en la investigación en el campo de la física cuántica, parece que últimamente
van dirigidas a indagar si el hecho de que todo el universo que conocemos
comenzara en una partícula subatómica, es motivo suficiente para que haya
conservado las propiedades y características inherentes a ésta.
Tal vez eso resuelva las incompatibilidades entre
la ley de la relatividad y la física cuántica, que traen de cabeza a los
investigadores de este campo desde hace décadas. Hay que tener en cuenta que,
en la práctica, ambas teorías han demostrado funcionar y sin embargo
teóricamente son incompatibles.
Como la
respuesta más simple suele ser la más correcta, en la mayoría de los casos, y
como además creo que no puede existir incompatibilidad entre leyes que describan
el comportamiento de la realidad, yo opto por creer que es bastante más
probable que desconozcamos o hayamos confundido los datos, y que existe una vía
que une ambas realidades.
Además, me
surge la duda de en que momento del big bang, esa partícula que comienza a
expandirse, a colapsar y a crear materia, pierde unas propiedades y toma otras
con características tan dispares. Me refiero a perder las características de la
física cuántica, con su principio de indeterminismo para abrazar la física mecánica,
mucho más cómoda para nuestro intelecto.
Así que hoy me
hago una pregunta partiendo de la premisa de que estas investigaciones, que
intentan unir ambas realidades en una teoría unificada y que conceden al
macrocosmos las mismas propiedades que el microcosmos, den resultados
positivos.
Hace tiempo que
un debate irreconciliable divide a científicos y místicos, básicamente
consiste en una pregunta:
¿Reside nuestra
consciencia (el observador) en un ente energético independiente del cuerpo, o
es fruto de una serie de reacciones
químicas y eléctricas del órgano que rige las funciones corporales, a
través de su red de conexiones neuronales, y que llamamos cerebro?.
A mi entender
las investigaciones que se están llevando a cabo en el campo de la posible teoría
unificada, influye directamente en este dilema, pues si las leyes válidas en la
física de partículas rigen también el macrocosmos, toda materia, incluida la
red neuronal que compone nuestro cerebro, dependería directamente de la
observación y por tanto la consciencia que observa ha de ser irremediablemente
independiente y anterior a toda definición de la materia.
Esta posibilidad trae a mi mente varias preguntas:
Esta posibilidad trae a mi mente varias preguntas:
¿Y si realmente no estamos observando la
realidad?, ¿y si alguien nos convenció de lo que podíamos o no podíamos
observar?.
Siempre he pensado
que los milagros consisten en convencer a alguien de que algo es posible, tal vez sólo se trate de desandar el camino que nos condujo a pensar que algo no era posible.
Creo que,
cuando alguien ha hecho que relojes parados funcionen a distancia o cucharillas
lleguen a doblarse a través del televisor, lo que esa persona ha hecho es
convencer a la persona al otro lado del televisor de que eso es posible. A
partir de ahí, esa persona comenzará a observar lo que crea que puede observar.
Cuando rezamos
a una imagen y ésta obra un milagro, lo que ocurre realmente es que hemos
puesto en marcha una contraprogramación a través del rezo o la meditación, y
ese proceso de reprogramación convence a nuestra mente de que podemos observar
aquello que deseamos observar, y la creencia o la fe obra el milagro.
¿Qué es lo que
hacía Jesús?:
Le dice a la samaritana, que le pide por la salud de su hija "Tu fe te ha salvado”.
Cuando el
leproso le dice “Señor si quieres puedes”, él contesta “Quiero”.
Cuando Pedro lo
ve andar sobre las aguas y le dice “si eres tú mándame que vaya hasta ti”; él
le contesta “ven”. Entonces Pedro comienza a andar sobre las aguas, pero luego
se asusta empieza a hundirse. Entonces Jesús le dice “¿por qué dudaste?”.
A los
discípulos les dice: “Si realmente creyeseis y no albergarais dudas en vuestro
corazón todo os sería posible”. O “Si tuvieseis fe como una semilla de mostaza,
diríais a esta montaña, muévete de aquí y échate al mar y lo haría”. También
les dice “Yo os digo que cosas mayores que estas haréis vosotros”.
Si nos fijamos
bien, él no usa elemento alguno, ni imágenes, ni ritos, sólo intenta
convencernos de que somos hijos del padre.
Todo hijo
hereda las características de sus padres, es parte de él.
El Padre es la
consciencia primigenia, creadora y definidora de toda materia.
Nosotros somos
partes de esa misma consciencia, ramales del fractal que se reproduce a si
mismo.
¿Y si Jesús vino a
decirnos que no somos lo que creemos ser, ni tenemos las limitaciones que
creemos tener, y los llamados milagros no eran otra cosa que formas de
demostrarlo?. ¿No estamos nosotros limitándolo y quitando valor a su mensaje reduciendo
su figura a la de un milagrero?.
¿Y si alguien
nos convenció de que había cosas imposibles?.
¿Y si luego
nosotros hemos transmitido esa creencia a nuestro hijos?.
¿Y si volver a
ser niños consiste en retrotraernos al momento en el que aún no habíamos
asumido esa imposibilidad?.
¿Que ocurriría
si cogiésemos a un niño pequeño y no lo dejásemos levantarse?, ¿si lo
convenciéramos de que no puede andar, que es algo absolutamente imposible para él?. Lo más probable es que ese niño
desarrollase una absoluta incapacidad para caminar a pesar de no padecer
ninguna limitación que lo justificase.
¿Y si no
observamos una realidad mucho más rica y amplia, sin las limitaciones que
presuponemos que tiene, sólo porque creemos que no podemos hacerlo?.
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