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domingo, 31 de marzo de 2013

Mente y consciencia


Las tendencias en la investigación en el campo de la física cuántica, parece que últimamente van dirigidas a indagar si el hecho de que todo el universo que conocemos comenzara en una partícula subatómica, es motivo suficiente para que haya conservado las propiedades y características inherentes a ésta.

Tal  vez eso resuelva las incompatibilidades entre la ley de la relatividad y la física cuántica, que traen de cabeza a los investigadores de este campo desde hace décadas. Hay que tener en cuenta que, en la práctica, ambas teorías han demostrado funcionar y sin embargo teóricamente son incompatibles.

Como la respuesta más simple suele ser la más correcta, en la mayoría de los casos, y como además creo que no puede existir incompatibilidad entre leyes que describan el comportamiento de la realidad, yo opto por creer que es bastante más probable que desconozcamos o hayamos confundido los datos, y que existe una vía que une ambas realidades.

Además, me surge la duda de en que momento del big bang, esa partícula que comienza a expandirse, a colapsar y a crear materia, pierde unas propiedades y toma otras con características tan dispares. Me refiero a perder las características de la física cuántica, con su principio de indeterminismo para abrazar la física mecánica, mucho más cómoda para nuestro intelecto.

Así que hoy me hago una pregunta partiendo de la premisa de que estas investigaciones, que intentan unir ambas realidades en una teoría unificada y que conceden al macrocosmos las mismas propiedades que el microcosmos, den resultados positivos.

Hace tiempo que un debate irreconciliable divide a científicos y místicos, básicamente consiste en una pregunta:

¿Reside nuestra consciencia (el observador) en un ente energético independiente del cuerpo, o es fruto de una serie de reacciones  químicas y eléctricas del órgano que rige las funciones corporales, a través de su red de conexiones neuronales, y que llamamos cerebro?.

A mi entender las investigaciones que se están llevando a cabo en el campo de la posible teoría unificada, influye directamente en este dilema, pues si las leyes válidas en la física de partículas rigen también el macrocosmos, toda materia, incluida la red neuronal que compone nuestro cerebro, dependería directamente de la observación y por tanto la consciencia que observa ha de ser irremediablemente independiente y anterior a toda definición de la materia.

Esta posibilidad trae a mi mente varias preguntas:

 ¿Y si realmente no estamos observando la realidad?, ¿y si alguien nos convenció de lo que podíamos o no podíamos observar?.

Siempre he pensado que los milagros consisten en convencer a alguien de que algo es posible, tal vez sólo se trate de desandar el camino que nos condujo a pensar que algo no era posible.

Creo que, cuando alguien ha hecho que relojes parados funcionen a distancia o cucharillas lleguen a doblarse a través del televisor, lo que esa persona ha hecho es convencer a la persona al otro lado del televisor de que eso es posible. A partir de ahí, esa persona comenzará a observar lo que crea que puede observar.

Cuando rezamos a una imagen y ésta obra un milagro, lo que ocurre realmente es que hemos puesto en marcha una contraprogramación a través del rezo o la meditación, y ese proceso de reprogramación convence a nuestra mente de que podemos observar aquello que deseamos observar, y la creencia o la fe obra el milagro.

¿Qué es lo que hacía Jesús?:

Le dice a la samaritana, que le pide por la salud de su hija "Tu fe te ha salvado”.

Cuando el leproso le dice “Señor si quieres puedes”, él contesta “Quiero”.

Cuando Pedro lo ve andar sobre las aguas y le dice “si eres tú mándame que vaya hasta ti”; él le contesta “ven”. Entonces Pedro comienza a andar sobre las aguas, pero luego se asusta empieza a hundirse. Entonces Jesús le dice “¿por qué dudaste?”.

A los discípulos les dice: “Si realmente creyeseis y no albergarais dudas en vuestro corazón todo os sería posible”. O “Si tuvieseis fe como una semilla de mostaza, diríais a esta montaña, muévete de aquí y échate al mar y lo haría”. También les dice “Yo os digo que cosas mayores que estas haréis vosotros”.

Si nos fijamos bien, él no usa elemento alguno, ni imágenes, ni ritos, sólo intenta convencernos de que somos hijos del padre.

Todo hijo hereda las características de sus padres, es parte de él.

El Padre es la consciencia primigenia, creadora y definidora de toda materia.

Nosotros somos partes de esa misma consciencia, ramales del fractal que se reproduce a si mismo.

¿Y si Jesús vino a decirnos que no somos lo que creemos ser, ni tenemos las limitaciones que creemos tener, y los llamados milagros no eran otra cosa que formas de demostrarlo?. ¿No estamos nosotros limitándolo y quitando valor a su mensaje reduciendo su figura a la de un milagrero?.

¿Y si alguien nos convenció de que había cosas imposibles?.

¿Y si luego nosotros hemos transmitido esa creencia a nuestro hijos?.

¿Y si volver a ser niños consiste en retrotraernos al momento en el que aún no habíamos asumido esa imposibilidad?.

¿Que ocurriría si cogiésemos a un niño pequeño y no lo dejásemos levantarse?, ¿si lo convenciéramos de que no puede andar, que es algo absolutamente imposible  para él?. Lo más probable es que ese niño desarrollase una absoluta incapacidad para caminar a pesar de no padecer ninguna limitación que lo justificase.

¿Y si no observamos una realidad mucho más rica y amplia, sin las limitaciones que presuponemos que tiene, sólo porque creemos que no podemos hacerlo?.
 
 

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