Supongamos que me
llamo Lara, o a lo mejor no. Aunque puede que lo hiciera alguna vez, o lo haré
en algún momento. Pero eso no es importante porque no forma parte de mi
esencia. Y es eso de lo que quiero escribir y lo que quiero compartir.
¿Cuál es nuestra
esencia? ¿En que consiste la realidad? ¿Existen datos que nos ayuden a ver de
otro modo la realidad que vivimos?
Para ello voy a
intentar explicar mi realidad. Puede que descubras que se parece a la tuya, o
tal vez no. Aunque puede que lo hiciera alguna vez, o puede que lo haga en un
futuro.
No soy científica
ni erudita, si acaso puedo definirme de algún modo sería como un ser humano que
siente sed. Se hace preguntas y busca respuestas.
A lo largo de mi
búsqueda he ido adquiriendo algo parecido a dos o tres puntos de partida, que
constituirían para mí lo más parecido a una certeza.
1) Que todo aquello
que se puede considerar verdad o parte de la realidad, si es que esta existe,
debe estar intercomunicado.
Por tanto la
aparente contradicción de campos distintos de la realidad, o son el fruto de
nuestro intento por completar informaciones con datos inventados, allí donde
faltan aún los reales; o son el resultado de nuestro intento de modelar los
datos para que cuadren en nuestra mente, cuando nuestra mente no es capaz de
llegar a adaptarse a los datos.
2) Que a medida que
vamos creciendo en conocimientos y capacidad mental, la realidad que
descubrimos se parece menos a lo que hasta entonces habíamos considerado real, entendiendo esa realidad como lo tangible,
fiable o seguro. Y se acerca más a una visión surrealista, en la que tienen
cabida todas las posibilidades que nuestra mente pueda albergar, en la medida
en que está pueda ir modelando distintas posibilidades.
3) Que nuestro
cerebro no fue diseñado para mostrarnos la realidad sino para sobrevivir. Así
que nos mostrará, no aquello que es, sino aquello que, desde nuestra forma de
entender la realidad, considera útil para nosotros.
Por consiguiente no
podemos observar en nuestra realidad aquello que no hemos asimilado como
posible dentro de nuestra conciencia.
Para resumir yo
diría que, la realidad es un espejo que muestra nuestro interior. Ni el espejo
mágico de la madrastra de Blancanieves podía hacer otra cosa que contar lo que
veía. Así que si queremos que la vida nos devuelva una sonrisa, no habrá más
remedio que sonreírle al espejo.
Enhorabuena, me parece una iniciativa estupenda; así tu percepción de la realidad pasará a formar parte de la percepción de la realidad de otros muchos.
ResponderEliminarM.VIctoria
Puede ser interesante escuchar este programa de redes como complemento al texto http://www.redesparalaciencia.com/?s=El+cerebro+humano+es+una+chapuza
ResponderEliminarEl conocimiento es una representación (necesariamente finita) de un pedazo de la realidad (presuntamente infinita). La ciencia es conocimiento elaborado con el método científico. Y método científico es cualquier método que respete tres principios: el de objetividad, el de inteligibilidad y el dialéctico. Se es objetivo cuando, ante varias formas de observar un objeto, se opta por aquella que menos afecta a la observación. Se es inteligible cuando la representación es, en algún sentido, más compacta que lo representado. Y se es dialéctico cuando el conocimiento se arriesga a ser derribado por la experiencia. El conocimiento es científico cuando tiene voluntad de serlo, es decir, cuando logra la máxima objetividad, inteligibilidad y dialéctica... por exiguos que sean tales máximos. Según esto, tan científico puede ser un mecánico de carambolas de billar como un mecánico cuántico. Según esto, un psicólogo no tiene por qué ser menos científico que un físico... (otra cosa es que renuncie explícitamente a serlo). De la misma manera, nada hay en contra de que la política, una forma de conocimiento dedicada a organizar la convivencia, se construya con método científico... (otra cosa es que apenas se haya intentado).
ResponderEliminarLa aplicación del método es la parte más previsible, y por lo tanto más panificable, del oficio. Se pueden programar consultas a la naturaleza (experimentos) para descubrir paradojas turbadoras, para medir cómo la realidad se digna encajar en una inteligibilidad o para ensayar diferentes vías de objetividad. Ceder en el método, en honor de cualquier otro beneficio más o menos confesable, es un indicio de flojera científica.
Pero resulta que el método se aplica siempre a una idea. Y no hay un método para cazar ideas. O, lo que es lo mismo, todo vale con las ideas: la analogía, el plagio, la inspiración, el secuestro, el contraste, la contradicción, la especulación, el sueño, el absurdo... Un plan para la adquisición de ideas sólo es bueno si nos tienta continuamente a abandonarlo, si nos invita a desviarnos de él, a olfatear a derecha e izquierda, a alejarnos, a girar en redondo, a divagar, a dejarnos llevar por la contingencia... El célebre rigor científico no se refiere a la obtención de ideas sino al tratamiento de éstas. Aferrarse con rigor a un plan de búsqueda de ideas es una anestesia para la intuición. (Ideas para la imaginación impura, capítulo I, Sobre lo verdadero y lo falso, Jorge Wagensberg. Tusquets, Barcelona, 1998.)
Un abrazo y que sea muy fecunda esta nueva tarea tuya, siempre tan emprendedora... José María