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domingo, 17 de febrero de 2013

¿Cuál es la realidad?


Supongamos que me llamo Lara, o a lo mejor no. Aunque puede que lo hiciera alguna vez, o lo haré en algún momento. Pero eso no es importante porque no forma parte de mi esencia. Y es eso de lo que quiero escribir y lo que quiero compartir.

¿Cuál es nuestra esencia? ¿En que consiste la realidad? ¿Existen datos que nos ayuden a ver de otro modo la realidad que vivimos?

Para ello voy a intentar explicar mi realidad. Puede que descubras que se parece a la tuya, o tal vez no. Aunque puede que lo hiciera alguna vez, o puede que lo haga en un futuro.

No soy científica ni erudita, si acaso puedo definirme de algún modo sería como un ser humano que siente sed. Se hace preguntas y busca respuestas.

A lo largo de mi búsqueda he ido adquiriendo algo parecido a dos o tres puntos de partida, que constituirían para mí lo más parecido a una certeza.

1) Que todo aquello que se puede considerar verdad o parte de la realidad, si es que esta existe, debe estar intercomunicado.

Por tanto la aparente contradicción de campos distintos de la realidad, o son el fruto de nuestro intento por completar informaciones con datos inventados, allí donde faltan aún los reales; o son el resultado de nuestro intento de modelar los datos para que cuadren en nuestra mente, cuando nuestra mente no es capaz de llegar  a adaptarse a los datos.

2) Que a medida que vamos creciendo en conocimientos y capacidad mental, la realidad que descubrimos se parece menos a lo que hasta entonces habíamos considerado real,  entendiendo esa realidad como lo tangible, fiable o seguro. Y se acerca más a una visión surrealista, en la que tienen cabida todas las posibilidades que nuestra mente pueda albergar, en la medida en que está pueda ir modelando distintas posibilidades.

3) Que nuestro cerebro no fue diseñado para mostrarnos la realidad sino para sobrevivir. Así que nos mostrará, no aquello que es, sino aquello que, desde nuestra forma de entender la realidad, considera útil para nosotros.

Por consiguiente no podemos observar en nuestra realidad aquello que no hemos asimilado como posible dentro de nuestra conciencia.

Para resumir yo diría que, la realidad es un espejo que muestra nuestro interior. Ni el espejo mágico de la madrastra de Blancanieves podía hacer otra cosa que contar lo que veía. Así que si queremos que la vida nos devuelva una sonrisa, no habrá más remedio que sonreírle al espejo.

3 comentarios:

  1. Enhorabuena, me parece una iniciativa estupenda; así tu percepción de la realidad pasará a formar parte de la percepción de la realidad de otros muchos.
    M.VIctoria

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  2. Puede ser interesante escuchar este programa de redes como complemento al texto http://www.redesparalaciencia.com/?s=El+cerebro+humano+es+una+chapuza

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  3. El conocimiento es una representación (necesariamente finita) de un pedazo de la realidad (presuntamente infinita). La ciencia es conocimiento elaborado con el método científico. Y método científico es cualquier método que respete tres principios: el de objetividad, el de inteligibilidad y el dialéctico. Se es objetivo cuando, ante varias formas de observar un objeto, se opta por aquella que menos afecta a la observación. Se es inteligible cuando la representación es, en algún sentido, más compacta que lo representado. Y se es dialéctico cuando el conocimiento se arriesga a ser derribado por la experiencia. El conocimiento es científico cuando tiene voluntad de serlo, es decir, cuando logra la máxima objetividad, inteligibilidad y dialéctica... por exiguos que sean tales máximos. Según esto, tan científico puede ser un mecánico de carambolas de billar como un mecánico cuántico. Según esto, un psicólogo no tiene por qué ser menos científico que un físico... (otra cosa es que renuncie explícitamente a serlo). De la misma manera, nada hay en contra de que la política, una forma de conocimiento dedicada a organizar la convivencia, se construya con método científico... (otra cosa es que apenas se haya intentado).
    La aplicación del método es la parte más previsible, y por lo tanto más panificable, del oficio. Se pueden programar consultas a la naturaleza (experimentos) para descubrir paradojas turbadoras, para medir cómo la realidad se digna encajar en una inteligibilidad o para ensayar diferentes vías de objetividad. Ceder en el método, en honor de cualquier otro beneficio más o menos confesable, es un indicio de flojera científica.
    Pero resulta que el método se aplica siempre a una idea. Y no hay un método para cazar ideas. O, lo que es lo mismo, todo vale con las ideas: la analogía, el plagio, la inspiración, el secuestro, el contraste, la contradicción, la especulación, el sueño, el absurdo... Un plan para la adquisición de ideas sólo es bueno si nos tienta continuamente a abandonarlo, si nos invita a desviarnos de él, a olfatear a derecha e izquierda, a alejarnos, a girar en redondo, a divagar, a dejarnos llevar por la contingencia... El célebre rigor científico no se refiere a la obtención de ideas sino al tratamiento de éstas. Aferrarse con rigor a un plan de búsqueda de ideas es una anestesia para la intuición. (Ideas para la imaginación impura, capítulo I, Sobre lo verdadero y lo falso, Jorge Wagensberg. Tusquets, Barcelona, 1998.)

    Un abrazo y que sea muy fecunda esta nueva tarea tuya, siempre tan emprendedora... José María

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